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18 jun 2012

Alejandro Escovedo: “Big Station”





 KEPA ARBIZU

Alejandro Escovedo es uno de esos cuantos músicos que desde el anonimato (absoluto según en qué círculos) está construyendo una carrera dentro del mundo del rock que sino es en el presente será inevitablemente en el futuro cuando se vea recompensada y merecidamente reconocida.

Con una biografía musical dilatada, ha militado en bandas como The Nuns o The Sensitive Boys antes de establecerse en solitario, su nuevo disco “Big Station” hace el número once publicado bajo su nombre. Se puede tildar al recientemente editado como el último capítulo, hasta ahora, de una trilogía en cuanto que se trata del tercer trabajo consecutivo en el que colabora con Tony Visconti (David Bowie, T. Rex...) en la producción y otro genio en las labores de coautor, otro sin el merecido trato, como es Chuck Prophet.

A pesar de estas similitudes hay algo en este disco que llama la atención con sus dos predecesores, y es la decisión de adoptar un sonido más dinámico y moderno desde la óptica del tipo de arreglos escogidos y una instrumentación más variada y recargada. Todo ello hace que sea un disco fresco y con un colorido muy amplio. Algo que tiene sus evidentes virtudes pero que también supondrá algunas leves pegas.

La vitalidad que desborda el músico, y más en concreto este trabajo, se puede encontrar en temas como “Man of the World”, donde unas contundentes guitarras acompañan a un Escovedo que canta con desparpajo y con un aire punk evidente (desde The Clash a Ramones). “Common Mistake” con su ritmo sincopado y energético, además del acompañamiento de una sección de metales, nos remite a la “new wave”. “Big Station”, en formato más calmado y con prioridad por lo acústico, también opta por la melodía, en este caso con un tono muy juvenil, gracias entre otras cosas a los coros utilizados.

“Never Stood a Chance” y “Too Many Tears” son dos medios tiempos oscuros, territorio en el que el norteamericano también se desenvuelve con mucha soltura, en los que esa ambientación profunda se mezcla con la ya comentada abigarrada producción, dando como resultado, en el primer ejemplo, una muestra de romanticismo melancólico y en el otro tema, más eléctrico e impactante, nos lleva hasta lugares cercanos a las composiciones de Nick Cave. “Can’t Make me Run” podría sumarse a las antes citadas por su esencia pero en este caso la sobreproducción a la que está sometido lastra un tanto su forma definitiva, algo aplicable en parte también a “Sally is a Cop”, una suerte de pop-rock con aires “negros” que se queda en un territorio de nadie.

La música de raíces, o rock clásico, es un ingrediente esencial en la genealogía del artista y eso queda patente en canciones como “Bottom of the World”, que respira por medio de la influencia de Bob Dylan, o “San Antonio Rain”, con un deje entre nostálgico y épico muy a lo Bruce Springsteen.

“Big Station” cuenta con la característica distintiva, ya comentada, respecto a otros trabajos recientes de una producción que intenta adquirir un papel esencial, una intención nada criticable a priori pero sí que, si es cierto que en ocasiones le suma energía a algunas canciones, en otras, y de una forma algo generalizada, tiende a difuminar algo el estilo y personalidad de Alejandro Escovedo. Cosa que para nada significa que no estemos ante un buen disco, algo que parece irremediable y lógico al refutar a cada nuevo paso el talento del músico texano.

Escrito originalmente para: http://www.elgiradiscos.com/2012/06/alejandro-escovedo-big-station.html

15 jul 2010

"Street songs of love". Alejandro Escovedo, una estrella del rock en la sombra


KEPA ARBIZU


Debería ser lógico imaginar que el hecho de que en la actualidad haya tanta facilidad para acceder a todo tipo de información, incluida la relativa a la música, pudiera servir para que nombres hasta ahora desconocidos o sin demasiado reconocimiento, debido a su falta de promoción en los medios convencionales, tuvieran la posibilidad de cambiar esa situación.

Alejandro Escovedo ha hecho todo lo que estaba en su mano, realizar una carrera profesional de gran calidad, para salir de esa situación de anonimato generalizado en la que se encuentra, a pesar de que en ciertas partes de Estados Unidos cuente con su dosis de fama.

Su carrera comenzó formando parte de la escena punk de San Francisco por medio de la banda Nuns. Más tarde, como consecuencia de su traslado a Austin, amplía notablemente sus influencias y en los posteriores proyectos aparecen estilos hasta ahora no tocados. Es en los años noventa cuando emprende su carrera en solitario dirigiendo su sonido hacia el rock clásico, interpretado con energía y un espíritu muy personal.

Su anterior álbum, “Real animal”, supuso la vuelta al mundo de la música después de superar con éxito una Hepatitis C que le causó muchos problemas. Llama la atención, y teniendo en cuenta esta información, la fuerza que desprendía el álbum. Para su recién estrenada nueva grabación ha mantenido al productor Tony Visconti (Thin Lizzy, Morrisey, T. Rex...), y ha continuado con la colaboración a la hora de escribir las canciones de otro geniecillo en la sombra, Chuck Prophet, antiguo miembro de los influyentes Green on red.

Todas estas características hacen que “Street songs of love”, sea en líneas generales, continuador de su predecesor, en esta ocasión con el amor y sus consecuencias como elemento temático central. Dicho esto también es cierto que muy probablemente estemos ante el trabajo realizado por Alejandro Escovedo que más fuerza desprende, cosa a la que colabora unas guitarras potentes, labor en la que juega una función clave el guitarrista David Pulkingham, integrante de la banda de acompañamiento denominada The Sensitive Boys.

Ya desde el comienzo del disco queda en evidencia un detalle que proporciona un tono muy personal y melódico al disco, la utilización de los coros femeninos de Karla Manzur y Nakia Reynoso que dotan de más ritmo a la mayoría de las composiciones. “Anchor” desprende esencia a Bruce Springsteen, una influencia que no acaba ahí, el músico de New Yersey hace acto de aparición y colabora en el tema “Faith”, de contundente construcción.

Otra de las cualidades de Alejando Escovedo, y más todavía en este disco, es la tensión que sabe dar a sus temas, dotándoles de un espíritu arrebatador, en buena parte debido a su portentosa voz y que recuerda por momentos a la actitud del Nick Cave más desaforado, tal y como sucede en “This bed is getting crowded”, “Tender Heart” y “Silver cloud”.

“Street songs” y “Tula” se dejan llevar por ritmos más “negros” y funkys, donde el ritmo de las composiciones están dirigidas por las bases rítmicas. La parte más sosegada y delicada, terreno en el que también se mueve con gran soltura, llega en canciones como “Down in the bowery”, una preciosa balada en la que colabora Ian Hunter. “Fall apart with you” y “After the meotor shower” son otro ejemplo de la sensibilidad que puede llegar a demostrar moviéndose en terrenos entre el pop y el soul y donde los coros tienen una importancia capital. También es más que estimable su medio tiempo, con mucha tensión eso sí, realizado a base de mezclar el rock y el country (“Shelling rain”).

“Street songs of love” es otro magnífico disco del músico tejano y un nuevo aviso de que ya es tiempo de que su nombre atraviese el círculo demasiado exclusivo que forman sus seguidores y se le sitúe al lado de los grandes del rock, esos por los que la gente hace horas y horas de espera para verles en directo y sus novedades son anunciadas a bombo y platillo.

Escrito originalmente para Tercera Información: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article16785