16 mar. 2014

Entrevista a Soledad Vélez




KEPA ARBIZU


“Dedicarme a la música es a lo que menos miedo tengo” 

Soledad Vélez dio vida el pasado año 2013 a uno de los discos más especiales realizados en España. Run With Wolves seguía la estela de su predecesor pero también añadía algunos elementos, puestos al servicio de un sonido general más oscuro, que le hacían poseedor de una singularidad muy especial. Era cuestión de tiempo que nos pusiéramos en contacto con la chilena afincada en Valencia para desgranar lo que esconde un trabajo tan intenso en lo musical como en lo emocional.

Lo primero de todo una pregunta-elogio. Tu disco Run With Wolves ha sido magníficamente acogido por prensa y público, muchas publicaciones, incluida la nuestra, lo ha considerado uno de los trabajos del pasado año. ¿Te ha llegado esa percepción y hasta qué punto supone una responsabilidad o te causa cierto vértigo ese status conseguido? 

Soledad: Me ha llegado esa percepción, ha tenido repercusión en prensa nacional como en otros países. Me satisface y a la vez me produce mucha alegría que sea así. Nunca ha supuesto para mí una responsabilidad, tampoco ningún sentimiento de vértigo llegar a un status X. Hay muchísimo trabajo detrás, muchas giras, y además continúo trabajando en nuevas canciones, en mejorar cada vez más los directos. Creo que dedicarme a la música es a lo que menos miedo tengo, y cuando las cosas van así de bien, como ahora, es al revés, siento que he de seguir trabajando. Como las hormigas. Hay que tener siempre los pies en la tierra y estar agradecido del público.

Estamos ante un disco que opta por un sonido más oscuro que responde, como ya has comentado, a una situación personal difícil que atravesabas. ¿Tenías ya previsto dar ese enfoque o surge como la manera idónea para expresar esa época que pasabas? 

Soledad: Es una combinación de ambas. Muchas veces la música más que mis letras, que son terriblemente abstractas, cuentan mucho mejor cómo me llego a sentir con cada canción. Y Run With Wolves era el espacio-tiempo idóneo para hacer material algo que me perseguía y atormentaba. Fue para mí una especie de necesidad de enfocar así este disco, porque me ha servido mucho como experiencia resolutiva. He puesto en orden muchas cosas, y el sonido más oscuro que comentas.., es algo que siempre me atraerá, esta sensación de repetición, evocación, hipnotización, cantar y perderte, me encanta.

El hecho de utilizar la música como una especie de terapia para exorcizar los demonios que guarda uno, ¿termina por convertirse en un procesos que ayuda a superar esos baches o todavía empuja más a recrearse en ellos para convertirlos en canciones? 

Soledad: Cuando estás en proceso de crear las canciones, empujas y sufres. Cuando has acabado y te escuchas a ti mismo es como rezar. No puedes imaginarte las veces que me han preguntado si me canso de tocar tantas veces las canciones, pero es que.. se convierten en mantras, comprendes cosas que antes no habías visto siquiera.

En temas como “Milky Way” o “Silver Wolf” tomas la decisión de meter sintetizadores. ¿Era una idea que ya estaba en el origen de esos temas o ha llegado según los desarrollabas? 

Soledad: Cuando compuse esas canciones estaba yo sola con el “sinte”. Estaban desde el origen, aquel sonido hacía temer a la gente que estaba a mi alrededor, porque no confiaban en que fuera a salir bien. Son mis canciones favoritas del disco. Seguiré componiendo a “sinte pelao”, para luego arreglar instrumentalmente a su alrededor.

En un contexto, digamos, doloroso o angustiado como es en el que se mueve el disco, ¿sentías la necesidad, por medio de una canción como “South Mountain”, de reivindicar tus orígenes, de defender tu identidad?

Soledad: Volvía de girar por México y Chile, de sobrevolar Latinoamérica. Te haces muchas preguntas.. Yo soy de allí. Con el tiempo y las giras la gente confundía mi origen con países en los que nunca he estado, y que musicalmente tampoco se me podía relacionar. A la vuelta decidí que era importante para mí a nivel personal como para mi trabajo dejar huella de identidad. Hacer una canción donde reivindicar mi origen real. Y así fue como con South Mountain, que es Montaña del Sur, donde describo la Cordillera de los Andes, cuento de dónde soy, de dónde vengo con todo el aire de mis pulmones.

En How to Disappear haces un llamamiento a que las mujeres defiendan su espacio, sean ellas mismas. En el contexto del mundo del rock, ¿es también un lugar en el que sigue siendo difícil ser mujer? 

Soledad: Cada vez menos, y eso lo he notado con estos dos últimos años en los que he estado girando y visitando distintas ciudades. Me sucedía a menudo que nadie me preguntara nada, ni me pidiera indicaciones, se lo pedían a mis músicos que son hombres. También se daba por hecho que yo no intervenía a nivel de producción en mis discos, o que ni siquiera escribía yo misma mis propias canciones, WTF!
Llama la atención que la canción que cierra el disco, Good Morning Darling”, de alguna manera conecte estilísticamente con el anterior disco, más folk clásico. Entiendo que es algo premeditado, pero ¿se trata de un juego o de alguna manera significa una superación del estado de ánimo que representa el disco? 

Soledad: Volvemos a coincidir en que es ambas. A pesar de las primeras canciones que abren el disco, quise conectarlo con el anterior. Una de esas canciones es Good Morning Darling, y es que cuando salí de ese bache emocional, por decirlo de alguna forma, hubo una mujer que me ayudó y me cuidó, cuando no tenía a nadie. Esa canción se la hice a ella. Todas las mañanas me despertaba con un "Buenos días Cariño", es como una madre para mí. Fue el sello perfecto para el disco, además de ser la única canción que se grabó en directo.

Uno de los aspectos identificativos de tu música es la forma que tienes de cantar, ¿surge de una manera natural o hay una dedicación grande detrás como si de un instrumento más se tratara? 

Soledad: Siempre he visto la voz como un instrumento más, pero también es cierto que intento mantenerla salvaje, no adiestrada ni domesticada. Cumplo los aspectos básicos para no dañarme la garganta, no gritar, no desafinar, etc.. Y en eso sí que hay dedicación. Estuve cantando además por un buen tiempo en un cuarteto de Jazz, donde aprendí mucho. Aún así, para interpretar mis canciones, simplemente cojo todo el aire que hay a mi alrededor y lo tiro como puedo.

J. de Santos tiene un papel muy importante en tus discos, tanto en su faceta de músico como en la de productor. ¿Hasta qué punto tiene influencia en el sonido de Soledad Vélez? 

Soledad: Como en la de co-productor querrás decir. No existe ninguna influencia. Es cierto que es un gran acompañante, un gran músico. Lo que sucede es que sabe interpretar a la perfección mis indicaciones en cuanto a cómo quiero que suene cada canción. He aprendido mucho con él, y cada día aprendo cosas nuevas. Pero mi música es algo demasiado personal, no recibe influencias de nadie cercano. Es muy difícil encontrar músicos que estén dispuestos a hacer y deshacer según tú digas. Pero quizás tiene mucho que ver a que confían en ti, en tu música, y hacia dónde quieras llevar tu proyecto.

En tu música suele haber referencias a la idea de la naturaleza, de lo salvaje, ¿se trata de simples imágenes embellecedoras o son una representación de tu personalidad? 

Soledad: Yo he vivido en sitios casi intactos de la naturaleza, distintos entre ellos, en cuanto a distancia, clima y fauna. Es un espacio que necesito para ser feliz. Inconscientemente los evoco en mis canciones como una forma de sentirme nuevamente parte de el. Por lo que ambas, son parte de mí y los evoco como imágenes. 


Desde fuera da la sensación de que la escena musical valenciana vive un gran momento, tanto en calidad como en variedad. ¿Desde dentro lo vives de la misma manera? 

Soledad: Por supuesto, soy fan de muchas bandas valencianas, voy a los conciertos, pago mi entrada, y pierdo muchas veces los estribos de tanto que disfruto en los conciertos. Es importante que el público apoye a la bandas locales, yendo a los conciertos. Me voy al SXSW, Austin, en pocos días, y estará allí Betunizer también, de Valencia. Cada vez que me voy fuera de la ciudad a girar, la peña me comenta la menuda escena valenciana que tenemos, es así. Casi no tengo hueco en la agenda de todos los conciertos que hay en la ciudad. El próximo será el de Siesta!+ Podenco, en la nueva sala que se abre en Valencia Jerusalem Club, así da gusto.