21 dic. 2014

Los mejores discos del 2014 (internacional)


KEPA ARBIZU

Como siempre por estas fechas toca hacer un repaso de lo más destacado que nos ha dejado este año 2014 que ya se nos escapa. Como es habitual también en esta casa, la lista resultante no responde a un orden estrictamente de preferencia (aunque siempre tiene su cierto sentido la disposición) ni mucho menos está condicionada a seguir una plantilla, de hecho esta vez los elegidos dan como resultado un número tan poco ortodoxo como 13; simplemente elijo aquellos trabajos con los que me quedo irremediablemente en este lapso de tiempo. Sin más, aquí están los nombres..... 

- John Hiatt: “Terms of My Surrender” 

- Chuck prophet: “Night Surfer” 

- Wilko Johnson y Roger Daltrey: “Going back Home” 

- Reigning Sound: “Shattered” 

- "Dave Alvin & Phil Alvin Play & Sing the Songs of Big Bill Broonzy: Common Ground” 

- Lucinda Williams: “Down Where the Spirit Meets the Bone” 

- Tom Petty: “Hypnotic Eye” 

- St Paul and the Broken Bones: “Half the City” 

- Leonard Cohen: “Popular Problems”

- Lee Fields: “Emma Jean” 

- Ben and Ellen Harper: “Childhood home”

- Sharon Jones: “Give the People what They Want” 

- Jack White: “Lazaretto” 

Quizás se podría argumentar lo mismo sobre John Hiatt, Lucinda Williams, Tom Petty e incluso Leonard Cohen, son nombres que por el mero hecho de sacar un nuevo disco ya son noticia reseñable y casi, de por sí, merecedora de entrar en “lo mejor del año”. Pero no es por ese motivo por el que aparecen en este particular repaso, sino porque sus obras de este año son de una calidad sobresaliente. Mientras que el primero ha editado su mejor trabajo en varios años, oscuro, intenso y magistral, Lucinda se ha atrevido con un disco doble que abarca todo su exclusivo y genial imaginario y lo hace para una vez más tocar la tecla y emocionar al respetable. Tom Petty regresa, o retoma, la senda de sus primeras grabaciones y al sonido clásico en los últimos tiempos le insufla el vigoroso y rasposo poder de las guitarras. Bienvenido sea. Y Leonard Cohen... pues él continúa agrandando su legado, y esta vez instalado, a su forma, más todavía en los sonidos negros para una (nueva) clase de elegancia. 

A Wilko Johnson le ha acompañado este último tiempo la sombra de la épica por su lucha contra la enfermedad, pero al margen de ese merecido homenaje, su disco junto a otra figura como Roger Daltrey se transforma en un grito feroz, que en un primer momento se podía tomar como testamento, de rock and roll puro y de muchos quilates. Otro que va camino de clásico es Chuck Prophet, que si bien parecía haber tocado techo con el “Temple Beautiful”, su nuevo trabajo, sin necesidad de comparaciones con el pasado, sigue encumbrándolo en el mundo del rock. Quizás los hermanos Alvin y sus míticos The Blasters no tienen la consideración que se merezcan, o solo en ámbitos reducidos, pero su “reunión” para repasar de manera colosal el variado repertorio del bluesman Big Bill Broonzy les vuelve a traer al recuerdo y pedir a gritos su lugar de honor. 

La ración de soul de esta lista viene de lo más variada e interesante, desde la fuerza y energía de Sharon Jones, otra en lucha contra las andanadas del destino, hasta el clasicismo y nervio del gran Lee Fields, pasando por lo que para mí ha sido la gran sorpresa/novedad de estos 365 días, St Paul and the Broken Bones y su huracán de sonidos negros. 

Alguna vez he dicho, y no me retracto, que Reigning Sound es la mejor banda que ha surgido en los últimos años, a pesar de que Get Cartwright no es precisamente un recién llegado. En su nuevo disco se dejan llevar más por el soul y las melodías que por su incisivo sonido garagero pero siguen empeñados en darme la razón... Y dos geniecillos, tan diferentes entre sí, con los que contamos actualmente son Ben Harper, que se ha juntado a su madre para hacer una delicia de disco, y el siempre llamativo Jack White, que consigue lo que casi nadie, ser heterodoxo y cambiante hasta el paroxismo y sacar matrícula. 

A modo de píldoras que por motivos a veces casi aleatorios no han llegado a esa selección de lo esencial pero que han deslumbrado, por lo menos a mí, durante este año son, por ejemplo, la íntima elegancia de Sun Kil Moon (“Benjí”), la mezcla entre guitarreo y negritud clásica del magnífico debut homónimo de Benjamín Booker, la sorprendente voz de Cristopher Denny (“If the Roses Don’t Kill Us”), los ejercicios excelentes de “vintage” (palabra que no me gusta demasiado en este contexto) de Luke Winslow-King (“Everlasting Arms”), con su jazz-swing esta vez más abierto a influencias que nunca, y de Nick Waterhouse (“Holly”) con su rhythm and blues, o el siempre fiable y esta vez excelente Justin Townes Earle (“Single Mothers”).