7 abr. 2013

"Tooth & Nail", Billy Bragg. La mirada crepuscular de un rebelde



KEPA ARBIZU

Billy Bragg ha sido en los últimos años uno de los más, por no decir el más, fieles herederos de aquellos músicos de folk, como Pete Seeger, Woody Guthrie o Joan Baez, que hicieron de su música, y de su palabra, un arma para denunciar las injusticias de su tiempo. El inglés nunca ha ocultado su filiación política (izquierdista), muy al contrario, y su verbo contestatario además de alimentarse de la tradición más clásica está plagado de la urgencia y de la intensidad de las diferentes caras que el rock and roll ofrece. 

En su anterior disco, “Mr. Love & Justice”, fechado hace cinco años, ya había un clarísimo interés por mostrar una mirada más íntima aunque seguía teniendo cabida esa vena siempre reivindicativa y esperanzadora. En su nuevo trabajo “Tooth & Nail” sigue excavando en ese tono más personal pero se hará presente desde un prisma más crepuscular. Algo visible tanto en la parte musical, en la que tira radicalmente de raíces norteamericanas y de una ambientación más sosegada y densa, como sobre todo en lo temático, mucho más nostálgico e incluso transmitiendo una visión pesimista o desilusionada. 

En esta inmersión evidente en un lado más sombrío tiene mucho que ver la entrada en las labores de producción de Joe Henry, un músico que extrapola, casi siempre, su estilo personal a las tareas que realiza tras los mandos de control, dejando su particular sello. Eso se manifiesta en el gusto por una alta instrumentación, siempre tratada de manera muy cuidadosa y meditada, pensada para llevar el timón hacia unas ambientaciones absorbentes y en el que se entremezclan diversas influencias. 

El comienzo con “January Song” marca tanto la ruta estilística que va a seguir el álbum como el altísimo nivel compositivo que alcanzará. En un tema con la muerte de su madre de fondo, su voz se sobrepone a una melodía de raíces clásicas en un formato melancólico y desértico que muestra una desesperación que se infiere de versos como “Turn around and taste tomorrow / This is when the end begins”. El blues se manifestará por medio de diferentes caras: desde un tono rural evidente en “Do Unto Others”; instrumentado y más elegante, con una participación brillante del piano, en “Over You”, o el más arrastrado y meditabundo con influencias del country que utiliza en “Handyman Blues”. La siempre eficiente guitarra slide de Greg Leisz sobresale en “Chasing Rainbows”, en la que se mezcla la herencia de Hank Williams con un tono jazzístico. 

Son contados, y además muy contenidos, los arranques eléctricos que contiene el disco. El más evidente se vive en “There Will Be a Reckoning”, con un deje rockero que por momentos le sitúa cercano a Bruce Springsteen. En el otro extremo nos encontramos con temas de una tremenda profundidad y sobriedad (aunque siempre con esa instrumentación que parece no existir pero que “alimenta” las canciones) como “Swallow My Pride”, y sus gotas de soul, o la épica “Your Name on My Tongue”. “Goodbye, Goodbye” es una sobrecogedora y magistral canción que a base de folk consigue una melodía inolvidable y de una acongojante nostalgia (“Goodbye to all my friends / The time has come for me to say / Goodbye to all my friends who sailed with me the longer way”). 

Mención especial hay que hacer de la versión que realiza del clásico de Woody Guthrie “I Ain’t Got No Home”. Y es que el tipo de recreación que hace de la canción, decelerando el ritmo y construyendo una ambientación mucho más intima y desoladora, que recuerda el modo de acometer temas ajenps por parte de Johnny Cash en sus American Recordings, puede ser visto de una manera simbólica y como resumen de lo que significa este “Tooth & Nail”, en el que se muestra un Billy Bragg menos politizado, más personal y con un ánimo mucho más decadente, características que dan forma a un disco realmente soberbio. 

Escrito originalmente para: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article49768