2 feb. 2012

"Old ideas", Leonard Cohen. Belleza crepuscular


KEPA ARBIZU


Vivimos tiempos rápidos, estresantes, donde “lo joven”, como representación esencial de lo efímero, triunfa por encima de cualquier cosa. En ese contexto aparece “Old ideas”, el nuevo trabajo de Leonard Cohen, ilustrado con una portada (no demasiado lograda, dicha sea la verdad) en la que el músico aparece sentado y leyendo un libro en un ambiente apacible. No cabe duda con solo ver estos detalles que estamos unte un disco que escapa de esa ansiedad existencial que recorre nuestros días.

Estamos ante un artista de esos que su nombre es sinónimo para todos de calidad y admiración y más todavía en los últimos tiempos con sus reconocimientos académicos. A pesar de eso es muy probable que se le pueda aplicar aquella frase dedicada en su momento a la Beat Generation y que decía que se hablaba más de ellos de lo que se les leía. Da la sensación de que se elogia a Cohen mucho más de lo que se le escucha, y su nuevo lanzamiento puede ser la oportunidad de subsanar esa situación.

Han pasado 8 años desde su anterior trabajo (“Dear Heather”), y ahora, en medio del encumbramiento de su figura, aparece este “Old ideas”. Un disco que dicho ya de antemano, entronca en cuanto a calidad con sus mejores álbumes (“Songs of love and hate” o “I´m a man”). Es indudable que el paso del tiempo ha cambiado su manera de acercarse a las canciones, no olvidemos que ronda los 80 años, su entonación se encamina más al recitado y su tono profundo y robusto se mueve entre el mesianismo y el romanticismo. Todo ello apoyado por las ya clásicos coros femeninos.

Este nuevo álbum lógicamente se construye con esa base y además con otra señal identificativa del canadiense, las letras. Poseedoras de un fuerte poso literario combinan tonos dispares como la ironía, el toque bohemio, irónico, romántico o decadente. Valga como ejemplo el tema que abre el disco, “Going home”, que se trata de una reflexión interna, mística o no, sobre sí mismo, llegando a cantar, “I love to speak with Leonard / He’s a sportsman and a shepherd / He’s a lazy bastard “, todo ello apoyado en una precisa sección de cuerda bajo un ritmo relajado.

Temas como “Anyhow” o “Crazy to love you” optarán por un camino minimalista. La primera con la lírica habitual de Cohen a la hora de tratar las relaciones de amor/sexo (“I’m naked and I’m filthy and there’s sweat upon my brow / And both of us are guilty, anyhow”) y donde predomina un magistral piano que pone una ambientación sobria pero insinuante. En la otra sin embargo será la guitarra española la que domine una composición, con cierto aire a folk, que perfectamente podría pertenecer a una actualización de su disco “Songs of love and hate”. “Come healing” por su parte tiene un claro tono eclesiástico, al que colaboran unos coros que toman una gran presencia.

Los ritmos, percusiones y el sonido sombrío que desprende “Amen” recuerdan irremediablemente a Tom Waits. Con “Darkness”, en la que canta al paso del tiempo (“I’ve got no future / I know my days are few / The presemt’s, not that pleasant / Just a lot of things to do”), mantiene ese mismo pulso esta vez bajo el traje de un blues polvoriento y áspero. “Banjo”, un título más metafórico (“It’s a broken benjo bobbing / On the dark infested sea”) que relacionado con el instrumento, se mueve por varios escenarios entre el country, el blues o el soul . Estilo éste que sí estará muy presente en los dos temas que cierran el álbum “Lullaby” y “Different sides”.

“Old ideas” es un disco centrado en el paso del tiempo, siempre tratado con el tono irónico y cínico habitual del músico, y eminentemente reflexivo pero también un álbum dinámico, no obstante quizás sea de los más ricos estilísticamente hablando de su carrera, que se mueve por muchos terrenos y estilos y que ahonda más en el talento de Leonard Cohen, que los años sólo han variado el modo de materializarlo.

Artículo publicado originalmente por: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article33635