12 may. 2013

Entrevista a José Ignacio Lapido: “Intento crear belleza a partir del lamento”



Kepa Arbizu


José Ignacio Lapido ha editado recientemente su séptimo disco, “Formas de matar el tiempo”, una nueva muestra de su rock clásico repleto de lírica de alta contenido. Flanqueado por una banda realmente excepcional (Víctor Sánchez, Raúl Bernal, Popi González y Paco Solana), su “discurso” siempre ha sobresalido a la hora de examinar los ángulos oscuros de la realidad. En este nuevo trabajo se mantienen esas pautas (también las musicales) para dar forma a otro sobresaliente álbum de un músico que sigue labrando día a día su mítica.

Lo primero que se puede observar de este nuevo disco es una portada muy elegante y repleta de simbolismo. ¿La intención era ya desde un primer momento llamar la atención del oyente y comenzar un “diálogo” con él?

Me gusta que las portadas de mis discos tengan un trasfondo literario, o mejor dicho, contengan una metáfora visual que haga pensar. Es obra de Alfonso Aguilar, PerroRaro, que viene trabajando conmigo desde hace tiempo y sabe perfectamente convertir eso en imágenes.

El anterior trabajo “De sombras y sueños” estuvo producido por Paul Grau y contasteis con colaboraciones de importancia. Para este nuevo disco vuelves a encargarte tú de la producción y no participa prácticamente nadie externo a la banda. ¿Hay que entenderlo como una intención de recuperar cierta esencia?

Pues no hay una intencionalidad concreta. Muchas veces esto funciona por las necesidades estratégicas que van surgiendo, si se puede decir así. Esta vez a mí no me venía bien ir todos los días a la costa de Granada que es donde Paul Grau tiene su estudio, entonces hablé con Carlos Diaz, el técnico que ya trabajó conmigo en Cartografía, y quedamos en grabar el disco en su estudio de Producciones Peligrosas, y que ha hecho un gran trabajo. La producción consiste en ejercer de director de orquesta sin batuta, en tomar decisiones. Y cuando trabajas con gente con la que hay buen ambiente y magnífica sintonía, como es el caso de mis músicos, no hay mayor problema.

Precisamente llevas ya mucho tiempo trabajando con una banda fija en la que además varios de sus integrantes tienen proyectos paralelos en los que expresarse individualmente. ¿De qué manera crees que influyen ambos hechos en la cohesión de tu sonido?

Víctor Sánchez acaba se sacar su primer disco en solitario “Yo quemé a Gram Parsons”. Raúl Bernal está preparando otro disco de su proyecto Jean Paul que se va a titular “Ocho variaciones sobre el futuro”, Paco Solana, el bajista, entra también en estudio dentro de poco, y Popi González, el batería, está ultimando sus nuevas composiciones. El trabajar con grandes instrumentistas que además son compositores y cantantes hace que yo me tenga que esforzar doblemente. No les puedo presentar material de segunda para ponernos a trabajar. Son muy exigentes (Risas).

portada disco lapido


En muchas de las canciones de este “Formas de matar el tiempo” llama la atención la presencia y personalidad propia, dentro del conjunto musical, que tiene cada instrumento. ¿Ha habido alguna dedicación especial en busca de esa sensación?

Cada uno de los músicos ha puesto todo su talento al servicio de cada canción. Son arreglos que hemos trabajado en el local de ensayo para vestir mis canciones con el traje más adecuado para la ocasión. Creo que todos han hecho un gran trabajo.

En tu estilo siempre han estado presentes ciertas influencias musicales pero han aparecido difuminadas dentro un estilo muy personal. En esta ocasión hay algunos fogonazos en que esas influencias se presentan de manera muy pura, por ejemplo en las stonianas guitarras de “Cuando por fin”  o el sonido americano de “No hay vuelta atrás” y “Está que arde”.

Es cierto. Las guitarras de “Cuando por fin” son descendientes directos de Keith Richards. Me gustan los Stones, no lo voy a negar y eso debe salir por algún lado. Y el sonido americano… bueno… eso debe salir a la fuerza ya que el rock’n’roll nació allí y la mayoría de mis artistas favoritos son americanos, o ingleses con influencias americanas.

En la canción “No hay vuelta atrás” cantas “Declaramos nuestro amor al arte y le cantamos a la insatisfacción” ¿Consideras que ese tipo de sentimientos (insatisfacción) son la sensación idónea o más proclive para la creación artística?

Es un buen punto de arranque para escribir una canción. Los sentimientos de pérdida, de búsqueda o de rabia a mí me sirven mejor como punto de partida para ponerme manos a la obra. Sería incapaz de escribir una canción sobre la felicidad, primero porque no creo que eso sea un estado absoluto sino transitorio y fugaz, y segundo porque el dolor es más perdurable. Intento crear belleza a partir del lamento.

A pesar del tono pesimista que inunda el disco, su título o el de temas como “Cosas por hacer”, parecen indicar que a pesar de todo hay que seguir intentándolo o por lo menos cantar sobre ello

Sí. Hay pequeñas dosis de esperanza en estas canciones. Una pequeña vela encendida en una habitación a oscuras. El hecho de grabar un disco con la que está cayendo significa que no soy tan pesimista como pudiera aparentar (Risas). A un pesimista nato lo último que se le ocurriría es coger una guitarra y ponerse a cantar, y menos aún a grabar ese cante.

De manera sutil o indirecta siempre has mezclado una visión  social o política en tus canciones. Se podía pensar que teniendo en cuenta la situación actual que vivimos podías incrementar ese tono. No ha sido así o por lo menos no sustancialmente

No necesito tener un ataque repentino de conciencia social puesto que en mis canciones, desde hace muchos años, siempre se ha reflejado esa realidad social, sus consecuencias menos amables. En este disco también hay destellos de esa realidad. En canciones como “La ciudad que nunca existió”, “40 días en el desierto” o “Esta que arde” flotan imágenes de lo que está ocurriendo en el país.

Siempre has declarado que acabas exhausto tras grabar un disco. ¿Ha sido una excepción éste o se ha repetido esa situación?

Se trata de un cansancio mental. Como he dicho antes, producir un disco y componer canciones significa que has de tomar decisiones, y esas decisiones vana a perdurar para toda la vida. La duda agota.

foto Lapido 2

La idea de editar tus propios discos por medio de Pentatonia creo que surgió un poco debido a la necesidad. Visto con el paso del tiempo y tal y como está la industria musical ¿tienes la sensación de haber elegido el mejor camino?

No sé si el mejor pero es el que me ha permitido sacar ya cuatro discos. Tiene de positivo que tú eres el que toma todas las decisiones, y el control sobre tu obra es total. De negativo, que hay que dedicarle muchas horas para que todo funcione. En la situación de desguace que vive la industria discográfica española creo que la autogestión es una salida para la supervivencia.

Y dentro de ese mundo musical tan extraño como el actual, donde prima la inmediatez y la saturación de novedades. ¿Qué lugar aspira a ocupar un nuevo disco de Lapido?

Tal vez su lugar sea el que ocupan los bichos raros (Risas). Estas canciones tienen como objetivo perdurar en el tiempo. Que tengan una buena vejez (Risas). Quiero decir que no son fruto de ninguna moda ni están hechas atendiendo lo que se escucha en este momento.

Siempre se ha comentado el poco reconocimiento público de tu música en comparación con las críticas tan favorables que recibes por parte de prensa y seguidores. Sin embargo con este disco has entrado en un puesto alto de los más vendidos. ¿Cómo has reaccionado ante esa noticia?

Pues si me hubiera sucedido hace años me habría hecho cierta ilusión, ahora me ha dejado frío. Principalmente porque sé que apenas se venden discos en España. Si antes necesitabas vender 10.000 copias en una semana para entrar en esas listas, ahora bastan con unas pocas copias para entrar en ella. Quiero decir que la cosa se ha igualado mucho entre los que eran superventas hace años y los que nos hemos mantenido en un nivel de ventas discretas. La democratización de la escasez (risas).

Al margen de la música escribes columnas periodísticas y haces de guionista. ¿Son maneras  diferentes de dar salida a un mismo “discurso” o tanto en forma como en fondo difieren entre ellas?

Las columnas que escribo son de carácter político, analizando desde la ironía las distintas situaciones que se dan semanalmente en este ámbito. Obviamente, en ellas reflejo mi opinión sobre determinados temas, pero no tienen la carga poética que puede tener una canción. Es un estilo más directo. En cuanto a los guiones… eso es otra historia, no es un trabajo de autoría individual. Estamos diez personas trabajando ahí y estamos al servicio de una trama que no hemos inventado ninguno de nosotros. Eso es puro entretenimiento.

Fotos: Antonio Arabesco