1 jul. 2013

El año que nació Juan Perro



KEPA ARBIZU

Es de sobra conocido que tras el seudónimo de Juan Perro se encuentra Santiago Auserón, integrante de los míticos Radio Futura. Un alias que guarda a grandes rasgos la idiosincrasia del anglosajón John Doe, una representación anónima que hace referencia a todos y a nadie. Musicalmente su aparición se produjo por primera vez en el disco que la banda madrileña publicó en 1987 “La Canción de Juan Perro”. 

Un álbum que suponía la confirmación de una deriva que en trabajos anteriores como “De un País en Llamas” ya se atisbaba: la entrada de los aires latinos en el formato rock que ejecutaba el grupo. Esta grabación, realizada en Nueva York y bajo la producción de Joe Dworniak, ponía el colofón a esa idea y sobre todo a los aires de experimentación que corrían por las venas de Santiago Auserón y que surgían en buena parte como consecuencia de sus viajes a Cuba y su acercamiento a los sonidos de la isla. 

Los 25 años de este trabajo se han celebrado con la publicación de una reedición en formato lujo en el que se incluyen las maquetas de las canciones, un directo y diferente material como textos de Diego Manrique o los dibujos de Max. Un disco que cuenta con algunas particularidades que le hacen muy especial, algunas menos artísticas como el superlativo número de copias vendidas, y otras no del todo exactas, como aquella que le hace precursor del rock latino, cuando ese era un terreno que Los Coyotes ya habían trabajado. A pesar de ese matiz es indiscutible su papel esencial, y no solo para la propia banda sino dentro del panorama musical español. 

El paso de los años, y de los ejemplos vividos, han hecho que palabras como mestizaje o mezcla de culturas tengan un peligro casi intrínseco respecto a la creación artística . Muchas veces nos hemos encontrado con la simple función de volcar elementos de diferentes partes del globo ordenadas sin orden ni concierto, perdiendo así las virtudes que podría tener esa mezcla de concepciones culturales. Precisamente todo lo contrario sucede con “La Canción de Juan Perro”, que al margen de incorporar de manera sutil y nada estrambótica nuevos conceptos musicales, estos surgen de un acercamiento (iniciático en este momento mucho más amplio en el futuro) social, cultural y hasta político, a ellos. 

Esa habilidad y talento para compensar a la perfección las diversas influencias va a dejar su constancia en el rock and roll clásico de temas como “En Un Baile de Perros”, un derroche rítmico en el que colaboran la entrada de una sección de metales (a cargo de The Uptown Horns) y el piano, o “A Cara o Cruz”, por la que empiezan a asomar ligeramente los ritmos cubanos y en la que destaca una de esas letras que muestran el brillante verbo de Santiago Auserón. Una capacidad literaria todavía más obvia en la traducción, y adaptación a un contexto musical épico y misterioso, del poema de Edgar Allan Poe “Annabel Lee”. 

La entrada más impactante de esos aires latinos se dejarán ver en temas como “Luna de Agosto”, con ya una significativa presencia de la percusión habitual del género (tocada por Daniel Ponce) y con ritmos propios del son cubano. “La Negra Flor” se adentra todavía más en esas latitudes, siendo de hecho las predominantes en la composición. Para “El Canto del Gallo” optarán por sonidos puramente jamaicanos donde reggae y ska se fusionan creando sus particulares tempos. 

“La Canción de Juan Perro” fue un disco que hizo saltar por los aires algunos prejuicios y barreras que en ocasiones anquilosaban el rock. Al margen de su aceptación consiguió demostrar que el hecho de insuflarle nuevos aires, a primera vista quizás poco compatibles, puede dar un resultado de los más satisfactorio. El álbum supuso unos primeros pasos que luego continuaría Santiago Auserón en solitario hasta el día de hoy, en que parece haber llegado a la orilla deseada, donde los ritmos negros norteamericanos conectan con los latinos en perfecta sintonía. 

Escrito originalmente para: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article54307