14 ene. 2014

“High Hopes”. Un Bruce Springsteen de “corta y pega”


KEPA ARBIZU

A Bruce Springsteen, como estrella veterana dentro del rock que es, le toca lidiar con dos sentimientos bastante extendidos cada vez que presenta una novedad respecto a su creación discográfica: Por una parte, ciertamente mayoritaria, su condición de mito para muchos de sus fans le otorga una aura de intocable; otros sin embargo extrañan sus años pasados y le ven colocado en una situación de poder, más o menos acomodaticia, donde lo artístico pierde la partida en demasiadas ocasiones. En ese contexto un disco como “High Hopes”, formado por versiones y temas descartados de otro discos pero de una u otra forma ya conocidos en su andadura, es propicio a enconar dichas posiciones. 

Que este nuevo álbum tiene una clara identidad de “cajón de sastre” es algo asumido por todos. A partir de ahí hay que discernir la pericia o intención para conseguir darle a ese compendio de canciones una cierta estructura y estabilidad. Una característica de la que el disco adolece y que termina por ser uno de sus más sonoros fallos, una falta de unidad que a la larga resta intensidad, y de alguna manera credibilidad, a todo el proyecto. 

Otra de sus debilidades, ésta sí quizás la más grave en cuanto a lo que es el sonido propiamente dicho, es el tipo de producción elegido, en la que repite en los mandos Ron Aniello con algunas aportaciones concretas del habitual Brendan O’Brien. Si bien es cierto que éste es un tema en el que el de Nueva Jersey en sus últimos trabajos no ha estado demasiado acertado (una alta saturación y dulcificación), en esta ocasión se dispara esa sensación, ya que la pretensión de abarcar todo tipo de sonidos y de tocar todos los palos influye todavía más en esa inconsistencia global del álbum, como consecuencia directa del acabado final de muchas de las canciones. 

Otra novedad importante en este disco es la aparición de Tom Morello (Rage Against the Machine, Audioslave) como guitarrista principal, sustituyendo en esas labores a Steven Van Zandt. Una decisión que, probablemente más influenciado por la propia deriva del álbum que por sus propios méritos, aporta más sombras que luces. A pesar de todo esto hay que ser conscientes de quién tenemos delante y que, evidentemente, el talento de Bruce Springsteen consigue abrirse paso a pesar de las dificultades evidentes que encuentra en este “High Hopes” y ofrecer destellos. 

Por eso resulta hasta cierto punto frustrante toparse con canciones que con otro tratamiento y una mayor dedicación sobre ellas habrían dado un resultado diferente y mucho más satisfactorio. Así, por ejemplo, nos encontramos con la alta cadencia e intensidad que imprime a la versión del tema de The Havalines que da nombre al trabajo, a la que añade una contundente sección de metales y una tonalidad negra (de gospel) que le siente realmente bien. Algo también aplicable a la adaptación de “Just Like Fire Would”, obra de The Saints, a la que le confiere esa épica marca de la casa que también asoma en “Frankie Fell in Love”. Frente a ellas hay algunos temas realmente calamitosos como “Harry’s Place” o “Heaven’s Wall”, saturados de instrumentación y de “ruidos” que no suponen aportación alguna a la causa, salvo disfrutar de una de las apariciones que hay del saxo tan característico de Clarence Clemons en la primera de ellas. 

En lo que respecta a la parte más íntima/emotiva del álbum nos hallamos con problemas parecidos, melodías que a todas luces tienen interés como “American Skin (41 Shots)”, “Down in the Hole”, una da las canciones en las que asoma el órgano de Danny Federici, o la versión que hace de la original de Suicide “Dream Baby Dream”, quedan lastradas en su potencial por un acabado nada conseguido. Algo visible, aunque todavía más obvio por el poder carismático que posee, en “The Ghost of Tom Joad”, en la que los desbarres guitarrísticos de Tom Morello no le hacen ningún bien. 

 El hecho de que canciones como “This is Your Sword”, basada en el folk irlandés, o “Hunter of Invisible Game”, un folk-country a ritmo de vals, sean dos piezas remarcables, deja en evidencia que un Springsteen mucho más orgánico, alejándose de empalagosas y abigarradas producciones, y basado en un sonido más sobrio y clásico daría un resultado mucho más apetecible. Sin embargo nos encontramos con este “High Hopes”, un álbum que a pesar de estar hecho de retales uno tiene la sensación de que se le podía haber sacado mucho más jugo, algo que el de Nueva Jersey no ha podido o querido (nos quedaremos con esta segunda opción) hacer. 

Escrito originalmente para: http://www.culturamas.es/blog/2014/01/14/high-hopes-un-bruce-springsteen-de-corta-y-pega/