27 oct. 2010

"Praise & Blame", Tom Jones


KEPA ARBIZU


Tom Jones puede presumir de algo que muy pocos artistas podrán, y es de haber conseguido “hits” musicales en generaciones separadas por 40 años.

Presentado en los 60 como un sex symbol de voz varonil y fuerte ha sabido ir moldeándose a todo tipo de épocas y estilos, manteniendo su identidad propia que no es otra que su tremenda e inconfundible forma de cantar.

Ahora en pleno 2.010 aparece con un disco, “Praise & Blame”, en el que el “tigre de Gales” interpreta temas de la música tradicional americana, desde el country al gospel. Mientras que en su anterior disco se acercaba a los sonidos negros desde una perspectiva moderna y actualizada, en esta ocasión hace el camino inverso e intenta recuperar el viejo espíritu del rock and roll.

Para llevar a buen cauce estas intenciones se ha rodeado de grandes músicos, entre los que destacan los integrantes de la Booker T and the MGs que ya dieron buena cuenta de su excepcional momento de forma en su disco reciente con Neil Young y Drive by Truckers. Además la producción ha corrido a cargo de Ethan Johns, habituado a trabajar con músicos que se mueven en estos ambientes musicales (Ryan Adams, Ray Lamontagne o Emmylou Harris) y que ha sabido darle un tono al disco sobrio y dándole preponderancia a la voz del cantante.

Es normal que a pesar de la buen pinta que a priori tiene todo lo presentado hasta ahora haya quien se mantenga escéptico frente al resultado y el modo en que se desenvolverá Tom Jones, un hombre no habituado a estos estilos aunque siempre haya manifestado su pasión por ellos, en estas lides.

Pues el resultado no puede ser más satisfactorio. Suena sobrio y profundo en la versión de Dylan "What good i am?" o en "If I give my soul" y oscuro en el gospel que es "Nobody’s fault but mine". Es imposible no hacer un paralelismo en este tipo de temas con las American Recordings de Johnny Cash.

Pero no es el único registro que Tom Jones desarrolla en el álbum. En las canciones más aceleradas también saca su mejor cara y resulta contundente en "Lord help", lleno de ritmo en el gospel-rockabilly de "Strange things" y descomunal en el tema de John Lee Hooker "Burning hell".

En definitiva, no sólo es que no tenga problemas a la hora de desenvolverse en los sonidos de la música de raíces sino que les saca todo su jugo, haciendo un gran disco.