14 feb. 2011

"Let England shake", PJ Harvey. La Gran Guerra en la que vivimos


KEPA ARBIZU


Hay características que hacen a un músico o grupo ser más o menos interesante. Ya sea su forma de cantar, sus capacidad para componer o el talento a la hora de tocar así lo marcan pero hay otros elementos, menos tangibles, como son los relativos al carisma, a la presencia, en definitiva a la manera de transmitir un mensaje musical que hace a unos pocos estar en un escalón superior, justo en el que se encuentra Polly Jean Harvey.

Respetada y admirada casi por todos, sea cual sea la ubicación estilística de cada uno, la compositora, cantante y multiinstrumentista inglesa ha afianzado una carrera de los más personal e interesante. Nunca atada a una forma concreta pero siempre con su inimitable forma de hacer las cosas, cada nuevo disco suele convertirse en otro paso para reinventarse y dar otra vuelta de tuerca a su forma de afrontar el rock.

Si en “Rid of me” daba forma a un artefacto sonoro intimista, abrasivo y radical, en “Stories from the city stories from the sea” se decantaba por las melodías pop-rock y en “White Chalk” se lanzaba al minimalismo comandado por el sonido de piano, “Let England shake”, su nuevo trabajo, no es una excepción y en este ocasión otra vez presenta una nueva cara, no sólo ya en lo musical sino en lo relativo a la temática del disco.

En el nuevo álbum nos encontramos con la cara más política de PJ Harvey. Esta vez pone énfasis en hacer un retrato histórico de la mentalidad belicosa de Inglaterra, que incluye todas las épocas desde la batalla de Galípoli hasta las más recientes contiendas en Irak o Afganistán, que no deja de ser una muestra del comportamiento occidental y la manera en que esa forma de actuar se filtra en las personas y en sus comportamientos.

Para ello la propia intérprete ha reconocido la dedicación que ha puesto en informarse y en buscar un lenguaje exacto. De sus habituales letras que normalmente se construían desde un punto de vista intimista y en ocasiones se expandían hacia el exterior, ha pasado en esta ocasión a analizar el entorno y partiendo de la situación externa derivar hasta el interior. Pero no sólo la documentación histórica ha sido necesaria para dar forma al disco, la poesía de T.S Elliot y las pinturas negras de Goya son referentes que conforman todo el conjunto.

Respecto a lo estrictamente musical figuras del folk tradicional y político como Woody Guthrie o Pete Seeger son una clara influencia a la hora de construir las canciones en las que también se hace presente la ambientación algo psicodélica y angustiosa de grupos como The Doors, Velvet Underground o Jefferson Airplane. A esto hay que sumarle varios elementos curiosos que influyen a la hora de crear un ambiente tan peculiar como son la presencia de un instrumento tan poco habitual como el autoharpa, popularizada su utilización en la música popular por el grupo country The Carter Family y ser grabado en una iglesia del siglo XIX en Dorset (Reino Unido).

En la forma definitiva que adquiere “Let England shake” tienen mucho que ver el “equipo”, casi fijo en los últimos años, con el que colabora PJ Harvey que incluye a su inseparable John Parish, el ex Bad Seeds Mick Harvey y el productor Flood. Todos ellos consiguen una producción que aunque incluye una gran dedicación y elaboración en la utilización de instrumentos y demás sonidos en ningún momento da sensación de saturación, bien al contrario se hace indispensable para conseguir el tono general adecuado.

Es el sonido de un xilófono, dentro del tema que da nombre al disco, el encargado de abrir el álbum y que a medio camino entre el pop y el folk construye una melodía amable pero con una fuerte sensación hipnótica. Por los mismos derroteros se mueve “The glorious land”, en la que de fondo se escucha el típico soniquete de llamada a retreta por medio de una trompetilla, que irá “in crescendo” en fuerza y acabando con la rotundidad de unos versos “What is the glorious fruit of our land? / Its fruit is orphaned children”. “Writen on the forehead ” tiene un sentimiento entre onírico y espiritual que añadido al sampler de la canción reggae “Blood and fire” crea una sensación de desasosiego importante.”England” es la más descarnada en cuanto a instrumentación y donde cobra mayor relevancia la voz de la inglesa con la que juguetea con libertad.

Hay algunos temas que se pueden encuadrar en ese estilo habitual de PJ Harvey, consistente en un rock intimista y dramático. Es el caso de “All and everyone”, aunque en su segunda parte deriva en un ritmo más diluido y menos directo, estructura similar a la de “The last living rose”.Sobresale la espectacular “Bitter branches”, de gran potencia y donde el contrapunto creado por la voz de John Parish contribuye de manera notable. Ese mismo juego vocal, esta vez con PJ en el papel secundario, está presente en “The colour of the earth”, con trazas de canción popular y que sintetiza a la perfección la idea del disco en versos como “If i was asked i’d tell / The colour of the earth that day; / It was dull, and browny-red, / "the colour of blood" i’d say”.

“Let England shake” es un disco maravilloso que consigue trasladar al oyente una ambientación perfecta, una de las cualidades más importantes de la artista inglesa y que lleva demostrando desde sus inicios. En este caso, por medio de pequeñas canciones (en cuanto a longitud) que sirven de fotografías concretas para demostrar el horror de la guerra y sus consecuencias en el alma humana, recrea con exactitud e innegable belleza una sensación de angustia que atrapa irremediablemente.

Escrito originalmente para:
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article22306