2 may. 2011

“I’ll never get out of this world alive”. Steve Earle, la voz crítica y majestuosa del rock americano


KEPA ARBIZU


Hay carreras musicales y/o biográficas, como sucede con la de Steve Earle, que superan con mucho lo estrictamente personal para convertirse en un ejemplo y fiel reflejo de una forma de vida o como resumen de todo un estilo musical, en este caso del rock americano.

La figura del norteamericano puede ser entendida como un modelo de persona en franca decadencia en nuestros tiempos. Él es eso que en demasiadas ocasiones se utiliza de forma banal y que se conoce como un hombre libre. Lo ha sido en el plano musical, moviéndose por diferentes estilos y en conflicto con la industria hasta controlar su música ; en lo ideológico, reconocido actualmente como uno de los referentes de izquierdas en el mundo musical en su país aunque desde siempre ha estado preocupado por temas como la pena de muerte o las guerras imperialistas, y sobre todo por dirigir su vida de la manera que él ha creído oportuno, lo que le ha supuesto no pocos problemas con adicciones y la cárcel.

Su peculiar forma de cantar, una de las más reconocidas y admiradas, parece estar filtrada por ese torrente de vivencias y se mueve entre el tono brusco y el más sensible sin ningún problema, cosa que le ha permitido interpretar a lo largo de los años desde rockabilly al rock más correoso pasando, por supuesto, por el country, terreno en el que se le suele encuadrar habitualmente.

A sus 56 años publica su nuevo álbum, “I’ll never get out of this world alive” título de una conocida canción de Hank Williams y también el de su nueva novela (también se dedica a esas labores). Se trata de nuevo material tras más de 4 años, en medio un homenaje a su admirado Townes Van Zandt, producido, también ejerce de guitarrista, por el que seguramente en la actualidad sea el mejor tratando los sonidos de raíces T Bone Burnett.

Este nuevo álbum recupera su discurso más comprometido, no tanto como los directos y agresivos “Jerusalem” o “The revolution stars now”, pero sí en comparación con su anterior trabajo “Washingtson square serenade”, al que también supera en calidad musical. Para esta ocasión, en palabras del músico estadounidense, el disco se basa en la idea de la muerte, aunque se hará presente de una manera muy genérica y con un valor simbólico en muchas ocasiones.

El country se mezcla con el rockabilly en la melancólica y perfectamente instrumentada “Waitin’ on the sky”, encargada de abrir el álbum. “Little emperor”, cantada con voz rasgada, que irá incorporando instrumentación según transcurre, es la enésima “dedicatoria” de Steve Earle a George W. Bus, en este caso fusionando la música campestre con un ritmo cercano al blues. Este género se hace presente de manera cruda y rotundo en “Meet me in the alleway”, dirigida por el rotundo sonido de la harmónica y por un tono de voz distorsionado.

“The Gulf of México” y “Molly-O” sorprenden por el aire celta/irlandés que desprenden. La primera de una manera menos obvia pero en la segunda de un forma más contundente dando forma a un tema casi apocalíptico, la historia de un bandido donde se cruza el amor y la muerte, que recuerda a Richard Thompson cuando se mueve por esos terrenos. “Heaven or hell”, interpretado a la perfección a dos voces con su mujer Allison Moorer, construye una sonoridad onírica.

Dos de las composiciones que aparecen en este disco fueron realizadas para la mítica cantante folk Joan Baez. En esta ocasión el músico norteamericano les imprime mayor intensidad y profundidad. “God is god” es un melancólico canto mucho más místico que religioso y la soberbia “I am a wanderer”, de un lánguido romanticismo en la que el cantante se pone en la piel de los diferentes colectivos sufridores del mundo (trabajadores, refugiados, vagabundos).

“Every part of me” y “Lonely free”, en la que demuestra su capacidad de excelente escritor en este caso en su vertiente más poética, son dos de las canciones más lentas y minimalistas y de paso de las más sentimentales. “This city” es un genial y evocativo homenaje a la ciudad de Nueva Orleans, todavía más engrandecido por la precisa incorporación de una sugerente sección de metales dirigida por el mítico músico Allen Tousaint.

Steve Earle vuelve a su mejor cara con este “I’ll never get out of this world alive” que sirve de resumen del papel que juega y ha jugado el músico dentro del panorama del rock. Su habilidad para la escritura, creando historias tanto de implicación social o política como más personales y poéticas, y su facilidad para moverse por todos los palos (del blues al rock pasando por el country) con igual éxito le hacen ser por derecho propio uno de los iconos musicales más respetados.


Escrito originalmente para:
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article24608