10 may. 2011

Robert Johnson, cuando el diablo se adueñó del blues


KEPA ARBIZU


Muchísimas son las historias que han rodeado la figura del músico de blues Robert Johnson. Algunas de ellas son leyendas con poder más simbólico que otra cosa pero todas ellas han terminado de configurar el semblante de este excepcional compositor, guitarrista y unos de lo gérmenes de lo que más tarde sería el rock and roll y buena parte de la cultura popular.

Dentro de las historias veraces que han rondado su biografía llama la atención los comentarios de uno de sus grandes seguidores y en cierta medida abanderado de su obra, Keith Richards, que tras escuchar al “bluesman” preguntó también por su acompañante a la guitarra, persona que nunca existió y que evidenciaba su pericia con el instrumento y una de sus máximas cualidades, su capacidad para tocar notas graves rítmicas y agudas solistas a la vez, creando una sonoridad amplia y diversa.

Pero quizás la gran leyenda que siempre ha rodeado a Robert Johnson es su pacto con el diablo en un cruce de caminos para así convertirse en un genio de las seis cuerdas. Desde ese momento pasó de ser un músico mediocre al mejor de todos ellos, como atestiguan varios de su coetáneos que vieron ese cambio radical que sufrió. Como si de una suerte de lucha de clases se tratara Belcebú apostó, como manda la lógica, por lo quería sería la música popular nacida de los cantos de los esclavos y denostó la clásica, realizada en los palacios y representada en los teatros.

Nada de todo esto importa, o mejor dicho es igual que fuera más o menos ficticio, ya que su biografía siempre ha sido un misterio aunque lo que parece demostrado es que : nació en Hazlehurst, estado de Misisipi hace 100 años (8 de mayo de 1911) en el seno de una familia de esclavos ; desconoció la existencia de su padre ; su joven mujer murió al dar a luz ; se dedicó a vagar por el Delta alternando su trabajo con tocar en todo tipo de tugurios, desde tabernas a prostíbulos, metiéndose en líos y dio rienda suelta a su promiscuidad que parece ser el motivo que le llevó a ser envenenado por un marido celoso a sus 27 años.

Todo estos datos no dejan de ser anecdóticos comparado con lo verdaderamente importante, la huella musical que dejó a pesar de sus escasas grabaciones (sólo 29 temas originales grabados en dos sesiones con sus versiones alternativas) y que aun así le hacen ser considerado por muchos como el músico más influyente antes de la era rock, como así lo declaran grupos y artistas de la talla de Eric Clapton, Rolling Stones o Led Zeppelin.

Su estilo se basó en el blues rural realizado en la zona del Delta y los máximos representantes de ese género fueron sus maestros, Son House, Charley Patton o Willie Brown. Su producción musical, en el que destacará su manejo del slide y su peculiar tono de voz, incluye temas que ya han pasado al acerbo popular como “Sweet home Chicago”, “I believe i´ll dust my broom” o “Love in vain”, popularizada por la versión que hicieron The Rolling Stones ; referencias, como no, a su “idilio” con el mismísimo diablo (“Me and the devil blues”, “Preaching Blues (Up Jumped The Devil)”) o composiciones que rompieron con la estructura clásica del género como la revolucionario “They`re red hot” donde imponía un ritmo frenético y ya se escuchaba algo parecido a lo que más tarde serían los "rapeados", no obstante Red Hot Chili Peppers hicieron una peculiar versión de dicho tema.

La aureola del misterio siempre rodeó a la persona de Robert Johnson, mucha parte de su biografía es cuanto menos dudosa y sus leyendas sirven para aderezar el semblante de un genio, que como otros músicos de blues de la época, siendo casi analfabeto y simplemente con una guitarra y su voz es capaz de hacer estremecerse casi 100 años después a nuevas generaciones que quedan atrapados por la picadura del diablo, o dicho de otra manera, por la del blues y sus diferentes evoluciones.

Escrito originalmente para:
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article24878