25 sept. 2011

20 años después del "Nevermind" de Nirvana... ¿Revolución musical o marketing?


KEPA ARBIZU


No es nada fácil analizar o reflexionar sobre un disco, o grupo, cuando supera con creces el ámbito de lo puramente musical para situarse en un aspecto socio-cultural (sin que esto suponga un veredicto en cuanto a su calidad), y más todavía si se ha sido contemporáneo a su nacimiento y desarrollo. Una de las pocas forma de acercarse a él con relativa objetividad es la de dejar pasar el tiempo, y aunque quizás 20 años no sean lo suficiente, sí es un lapso de tiempo prudente para poder intentarlo por lo menos.

"Nevermind", segundo disco de Nirvana, cumple 20 años desde su publicación el 24 de septiembre de 1991, lo que supuso el estallido de uno de los últimos auténticos fenómenos de masas dentro del mundo del rock, consiguiendo vender nada menos que 30 millones de copias de dicho trabajo. Lo que hasta ese momento era un descubrimiento del sello Sub Pop, dedicado por esos momentos a lanzar joyas del sonido independiente y casi sin desearlo ser el epicentro del movimiento grunge, a partir de entonces se convirtió en un éxito absoluto.

La cuestión a día de hoy es discernir si este trabajo en concreto, y por extensión el grupo de Seattle, supuso verdaderamente una revolución musical, si “simplemente” fue uno de los muchos objetos de marketing o ni una cosa ni otra, opción a la que dicha desde ya me apuntaría. Lo difícil a la hora de desmadejar su verdadera importancia es que en un principio nos topamos con un terreno donde abundan las filias, en muchas ocasiones alejadas de la música, y las fobias, no siempre estrictamente basadas en un análisis de calidad.

Alguna consecuencia incontestable derivada del éxito de esta álbum fue la, por lo menos durante ese tiempo, irrupción en las radio fórmulas y en los medios generalistas de un tipo de sonido poco dado a aparecer en esos contextos. Visto a día de hoy no parece que fuera una experiencia, la demostración de que el público puede consumir masivamente algo más que productos prefabricados, que haya calado de forma contundente en el mercado musical.

No parece algo descabellado que alguien como Kurt Cobain, líder de la banda, que mezclaba melancolía, rabia y desesperación, pudiera calar en los gustos de los adolescentes, sobre todo si se sabía ofrecer en el formato adecuado. Y éste precisamente es uno de los puntos claves a la hora de analizar el papel de “Nevermind”, ya que su éxito parece imposible imaginarlo sin una producción muy determinada detrás, de la mano de Butch Vig, que sin erosionar la fuerza y la crudeza de la actitud del grupo la mostraba de una forma limpia y lo suficientemente “lavada” como para que llegase al público mayoritario. Lo que por un lado significaba un éxito masivo también servía para que muchas personas echaran en cara esa “delicadeza”, y no sin cierta razón, ya que visto de manera genérica dentro de la carrera del grupo, perfectamente podría ser considerado el que menos recogía su esencia, y tanto el sonido mucho más sucio de “Bleach” o el poderío de "In Utero", personificaba mejor la naturaleza de Cobain y su gente.

La espita que encendió el arrollador éxito de “Nevermind” fue la certera y muy conseguida “Smells like teen spirit”, que cumplía con una serie de requisitos, repetidos a partir de ese momento por la banda , de una extraordinaria efectividad: La melancolía mezclada con cierto tipo de nihilismo de toda una generación, perfectamente observable en la forma de cantar descarnada, y sobre todo unos cambios de ritmo espectaculares que también a parecen en “Lithium”, de forma ostensible, y menos obvia como en "In bloom”. La parte más agresiva del disco llegará con las contundentes “Breed”, “Stay Away”, el final apoteósico de “Lounge act” y con la auténtica salvajada que es “Territorial pissings”.

Pero el éxito de un disco así se cimentaba en la mezcla de sensaciones, algunas contrapuestas, por eso hay espacio para la melancoilía de “Polly”, en acústico, de “Come as you are” o la oscura y lúgubre “Something in the way”, acompañada de manera rotunda por una sección de cuerda. Sepultadas entre el marasmo de chirriantes guitarras también se pueden encontrar melodías pegadizas como las de “Drain you” o las de la brillante “On a plain”.

Es cierto que Nirvana no inventó nada, sus tics y “trucos” aparecieron mucho antes, y en muchas ocasiones de manera más brillante, en bandas como The Stooges, Pixies o Hüsker Dü, pero aquí habría que tirar de la famosa y atinada frase de "Todo lo que no es tradición, es plagio" y admitir que hay poco por inventar en el mundo del rock y a los de Seattle hay que, cuanto menos, admitirles su destreza para aglutinar todo esas influencias y mostrarlo en un envoltorio que irremediablemente se hace muy atractivo, con un resultado sencillo pero certero y del que "Nevermind" es, y fue, un ejemplo perfecto de todo eso.

Escrito originalmente para Tercera Información:
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article29070