10 ene. 2012

Delaney Davidson, "Bad luck man"


KEPA ARBIZU


Algunos discos desde su portada y/o título ya indican, o por lo menos muestran alguna pista, algo de lo que nos podemos encontrar en su interior. Así que un nombre como “Bad luck man” si además está acompañado con la foto de un hombre desaliñado y con cara de pasar apuros, son indicios claros del sonido que nos puede esperar.

Delaney Davidson, neozelandés de nacimiento, auténtico trotamundos y un personaje multidisciplinar, tras terminar su periplo con los suizos Dead Brothers inició una carrera en solitario de la que éste es su último trabajo, el que se diferencia de los anteriores, principalmente, en su acercamiento a los sonidos negros y guitarreros quedando en segundo plano, aunque siguen existiendo, el country-folk.

Eso sí, hay que aclarar que la ortodoxia no es la característica esencial del músico, sus composiciones son mestizas en lo musical, mezclando estilos e instrumentaciones variadas. A eso hay que añadir el tono del álbum, donde sobresale un espíritu desolador y derrotado, consecuencia en parte a los diversos terremotos que sucedieron la ciudad donde residía.

Los sonidos negros, con unas gotas de T Rex, son los componentes de un tema como “I´m so depressed”. El blues se expresará de formas diferentes, desde la influencia de John Lee Hooker (“Another man’s eyes”), hasta el más oscuro y lisérgico de “So long” pasando por la oscura, rítmica y embriagadora canción que da nombre al disco. “Windy city”, incluso, llega a coquetear con el psychobilly.

También se moverá bajo los compases del vals, desde puntos de vistas crepuscalares como se ve en “Time has gone” y “I told a secret”. De percusiones tribales se sirve en “I´ve got the devil inside” para crear un ambiente siniestro. Sonidos campestres llegarán con el country relajado de “You’re a loser” o más animado en el hillbilly de “I saw the light from heaven”.

Un disco de ritmos fascinantes, mezclados y entrelazados de forma original (del blues al country) que dan forma a canciones repletas de fuerza y por otro lado transmisoras de desolación.