10 jun. 2012

“Americana”, Neil Young & Crazy Horse: Cabalgando por la música popular norteamericana


KEPA ARBIZU



El mero hecho de que los Crazy Horse y Neil Young vuelvan a grabar, no lo hacen desde el conceptual “Greendale” realizado en el año 2003, es ya de por sí una noticia reseñable, ya que estamos ante uno de los grupos, que al margen de su calidad, poseedores de  un sonido más particular y que lo han constituido como todo un emblema.

Otro punto digno de mención , por sorprendente, es la forma con la que han tomado la decisión de volver. “Americana” se trata de un disco compuesto por versiones de canciones tradicionales del folk americano, un reto complicado que a priori podía pasar por un mero entretenimiento y sin visos de contar con una gran trascendencia pero que a la postre, viendo el resultado final, ha resultado algo muy diferente.

El álbum resulta impactante ya desde un primer momento, y sin necesidad de detenerse en valoraciones más pormenorizadas,  por el simple hecho de la osadía de afrontar estas canciones, por lógica histórica realizadas en acústico, desde una perspectiva “eléctrica” y contundente, lo que supone una  vuelta o una vindicación del sonido de discos como “Ragged Glory”. Una decisión que queda representada a las mil maravillas con la metafórica fotografía que ilustra la portada (extraída de lo poco salvable de aquel incendió que hace unos años arrasó el lugar donde el músico guardaba material suyo), en la que se ve a Gerónimo junto a otros apaches, sustituidos por la cara de los integrantes del grupo, a “lomos” de un coche.

Billy Talbot, Ralph Molina, Frank “Poncho” Sampedro (ausente en la anterior grabación en la que se reunieron) y Neil Young construyen este disco como si de una jam session se tratase, no obstante se pueden  escuchar las “calentamientos”, risas y comentarios además de un claro espíritu de directo que transmite la grabación. Algo que no impide contemplar en su máximo esplendor a la banda y su sempiterno sonido característico, formado por la contundencia de las guitarras y la épica, logrando llevar así a su terreno composiciones clásicas. Un mérito extra si tenemos en cuenta que se trata de parte de la memoria colectiva  de la música popular,  mil veces escuchadas y versionadas por otros artistas.

Dentro de este contexto podremos disfrutar de una “Oh Susanna” totalmente transformada y apoyada con unos coros que hacen de base de esta descarada versión. “Clementine” suena cien por cien a la banda del canadiense, compensada perfectamente entre la contundencia y ese tono melancólico tan característico, dando como resultado uno de los temas más espectaculares. Algo aplicable también a la excepcional recreación que hacen de “High Flyin’ Bird” a modo de un blues épico u otro momento sublime como la arrolladora “Jesus’ Chariot”, con su deje tribal y persistente batería.

Habrá también momentos que se salgan un poco del esquema que marcan las anteriores canciones. “Gallows Pole”, por ejemplo, sigue cercana a dichos parámetros pero el ritmo que se esconde en ella es mucho más vivo y de esencia jazz-swing. Sorprendente es “Get A Job”, en la que siguen fielmente el estilo doo woop y los “caballos locos” se visten de bandas como The Silhouttes o The Dells. “Travel On” por su parte se mueve en terrenos sureños y de aires country, un territorio en el que Neil Young siempre se ha desenvuelto a la perfección.

Curiosamente el único leve bajón que sufre el disco es precisamente en los tres últimos temas que aparecen, y eso sucede, más que por el modo de interpretarlos, por el peso específico, cada uno en un aspecto determinado, que tienen intrínsicamente. “This Land Is Your Land” es todo un himno del folk político firmado por  Woody Guthrie y su “electrificación” en esta ocasión no aporta demasiado, algo que puede suceder también con “Wayfarin’ Stranger”, en la que la recreación profunda que hizo Johhny Cash de ella ahora mismo parece imbatible. En otro campo se mueve la decisión de tocar el “God Save the Queen”, quizás la elección, viendo el resultado, menos afortunada y con un recorrido más limitado.

Neil Young, apoyada de su banda de cabecera, da una lección de genialidad con este disco (cuenta también con su pertinente película) transformando a su antojo temas populares y haciéndolos encajar a la perfección como parte de su repertorio. De paso consigue demostrar que las historias y vivencias que narran esas viejas canciones siguen siendo actuales y sus temáticas por lo tanto universales. Por algo hablamos de  clásicos, al igual que lo es el viejo Neil.