3 ene. 2013

Y el blues de la aleta de tiburón (Shark Fin Blues) vino a mí


KEPA ARBIZU

Supongo que la sensación de sentirse totalmente arrebatado al escuchar una canción hasta ahora desconocida para uno no es extraña para nadie que lee ahora mismo esto. A esa primera emoción suele ir aparejada la escucha compulsiva de ese tema, siempre revoloteando en la cabeza y con ganas de llegar a casa para volver a ponerlo. Más tarde llegará la necesidad de ampliar y conocer todo lo relacionado con el intérprete o grupo al que pertenece. 

Esa emocionante e incomparable sensación creo que la última vez que me sucedió de manera tan visceral fue con The Drones y su Shark Fin Blues, allá por el 2005. Australianos fieles a los sonidos desérticos y crudos de la isla y por lo tanto hijos de The Scientists o Nick Cave.

Recientemente he vuelto a escucharlos y sin ese enamoramiento de la primera vez sigo rendido a Gareth Liddiard y su prosa apocalíptica, sus alaridos dramáticos y sus guitarras chirriando desde el infierno.

El directo de esta gente solo confirmó mi admiración por ellos, creo no exagerar si digo que nunca una actuación en vivo me ha impactado tanto y me ha proporcionado un sentido catártico tan radical y cercano a eso que, para un ateo como yo, debe suponer la fe.