7 nov. 2013

“Aftershock”, Motörhead. Vivitos y coleando


KEPA ARBIZU

Siempre es bienvenida la publicación de un nuevo disco de una banda mítica como Motörhead. Pero todavía lo es más cuando viene envuelta por las noticias de la problemática salud que su cantante y bajista, además de buque insignia de la formación, Lemmy, parece estar atravesando. Una situación que resulta increíble viendo el resultado final de este recién editado álbum, “Aftershock”, el que para nada se nota lastrado por esas circunstancias. 

Pocos grupos habrá que tengan una producción tan uniforme, en cuanto a su calidad, como estos británicos. Esa sensación rocosa es todavía más palpable dado que su propuesta es realmente homogénea y ha sufrido pocos cambios destacables, excepto aquellos inevitables por el paso del tiempo y cierta actualización implícita en su sonido. Desde que comenzaron, a finales de los años setenta, sus temas, su actitud o estética (sólo hace falta echar un vistazo, como mero ejemplo, a sus portadas) ha permanecido prácticamente inamovible. 

Como es fácil de adivinar este “Aftershock” tiene pocas novedades, aunque alguna curiosidad sí contiene, y el trío formado por Lemmy, Phil Campbell y Mikkey Dee sigue fiel a sus principios, que se basan en la simple, pero nada fácil, ecuación en la que se mezclan aceleración, fuerza y salvajismo. Mucho de eso vamos a encontrar en temas como “Queen of the Damned”, “Going to Mexico”, “End of Time” o la inicial “Heartbreaker”, en la que además refleja los inciertos y oscuros tiempos actuales (“Everything has changed / Got to move stop the dreams / All protection gone / Listen how the people scream / On and on and on”). Todas ellas se van a manejar entre una atronadora forma de articular un sonido heavy con un ritmo trotón de punk. Todo ello coronado con esa voz curtida y arrastrada de Lemmy. 

Dejando aflorar su lado más metalero, y dando forma a una de esas canciones con la que sus fans podrán mover la cabeza bajo su cadencia, aparece “Death Machine”, con unos desarrollos musicales algo más enrevesados. Y a partir de aquí hay que nombrar esos matices que esconde el álbum y que suelen estar relacionados con cierta deceleración de las revoluciones musicales. Por ejemplo “Lost Woman Blues” que bebe de ese blues sudoroso y pesado a lo ZZ Top o los dejes psicodélicos, dando vida a una atmósfera más ambiental, que asoman en “Dust and Glass”. Con “Crying Shame” asistiremos a, de nuevo recuperando en parte la fuerza, un sonido más hard rockero sureño en el que incluso añade el uso del piano. 

Es muy fácil resumir lo que hay dentro de “Aftershock”, están Motörhead en su estado más puro. A pesar de que es algo a lo que estamos acostumbrados no se debe obviar la dificultad que estriba mantener durante tantos años ese nivel sin prácticamente resbalón alguno. Viendo esa situación uno llega a preguntarse si esta gente mantendrá la energía y la fuerza eternamente. Creo que todos sabemos la respuesta. 

Escrito originalmente para: http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article59910