3 may. 2010

"True love cast out all evil", Roky Erickson & Okkervil River


KEPA ARBIZU


Pasado y presente. Roky Erickson pertenece a ese tipo de artistas llamados “malditos”. En su caso todavía se hace más evidente ese término ya que ni por medio de su parte personal, donde se pueden encontrar diferentes adicciones y pasos traumáticos por centros de salud, ni el talento demostrado en uno de los grupos de rock psicodélico más importantes, 13th floor elevators’, han conseguido hacer que su nombre sea reconocible para la gente. Por el otro lado Okkervil River es una banda de Texas que se mueve a medio camino entre las influencias del folk clásico y el rock indie.

Fuel el manager del propio músico el que tuvo la ocurrencia de juntar a ambos y reinterpretar canciones del compositor tejano . A priori la mezcla resultaba cuanto menos curiosa y era lógico que surgieran algunas dudas a la hora de evaluar el buen término de la idea. Como casi siempre, en el mundo de la música hay que dejar atrás los posibles prejuicios y basarse únicamente en el resultado final. Tanto es así que “True love cast out all evil” es una auténtica sorpresa precisamente por eso, por su extraordinario contenido.

Producido por el propio Will Sheff, componente de Okkervil River, las doce canciones elegidas salen de una criba de un total de 60. Una de las sorpresas más gratas es escuchar la voz de Rory Erickson, suena llena de matices, desgarrada y fuerte se convierte en un excelente transmisor de sensaciones. La primera y última canción del disco están mostradas tal y como él las grabó en uno de sus variados reclusiones, con un sonido totalmente casero. Magnífica metáfora de lo que supone este disco.

“Ain´t blues too sad” y “Be and bring me home”son dos temas de country-rock, el primero construido a base de piano y guitarra acústica y por encima de todo ambos interpretados magistralmente por Erickson. “Goodbye sweet dreams” se mueve por ambientes más psicodélicos, tanto la instrumentación como la voz están tratadas para que encajen a la perfección en esa atmósfera. “Bring back the past” es un pop-rock con mucho ritmo y que hereda el estilo de grupos como The Byrds o Big Star. La parte más cruda y con mayor distorsión llega de la mano de “John Lawman”.

La última parte del disco está compuesta por canciones cercanas al rock más clásico en diferentes tonalidades. Con “True love cast out all evil” se vuelve a acercar a un country denso y reflexivo. “Think of as one” y “Forever” son un aproximamiento al soul, el primero con tono sureño y el segundo más espiritual. En “Birds’d crash”, entre un fondo musical muy bien elaborado a base de una leve distorsión, aparece un suave rock and roll clásico de los cincuenta .

Love coast es más que el regreso de un clásico como Roky, significa un profundo ejercicio musical, comprender que el rock no es cuestión de juventud, ni de etiquetas, ni de apellidos, sino de sentimientos. Y de eso, este álbum va sobrado.