22 jul. 2010

"Centerfield" de John Fogerty cumple su 25 aniversario


KEPA ARBIZU


Sería largo y costoso ponerse a hacer una lista de las voces más importantes del rock and roll, pero si ésta quiere tener cierta credibilidad debe nombrar, sin ninguna duda, a la de John Fogerty. Heredera del tono de los cantantes de blues negros consigue una tesitura fuerte y robusta que también puede alcanzar grandes cotas de sensibilidad y profundidad, convirtiéndose en una de las más carismáticas.

En este 2010 se cumplen 25 años desde que se editara “Centerfield”, momento que aprovecha Geffen Records para sacar una edición remasterizada y con dos temas extras. Dicha onomástica no se celebra por la especial calidad del disco, sino para recordar la importancia que tuvo en la carrera de John Fogerty, que si bien ya con su anterior grupo (Creedence Clearwater Revival) cosecho éxitos importantes, éste consolidó su nombre y le proporcionó una fama notable.

Su carrera en solitario no ha sido para nada fácil, tras disolver la banda en la que participaba (otra de esas relaciones entre hermanos dentro del rock que no acaban nada bien), los problemas legales con la discográfica Fantasy le trajeron muchas complicaciones que interrumpieron su ritmo e hicieron que “Centerfield” saliera a la luz después de un parón de nueve años.

Editado a mediados de los años ochenta el álbum es, nunca mejor dicho, hijo de su tiempo. En esos momentos las producciones que se realizaban tendían a reflejar un sonido muy limpio, tirando de efectos (las odiosas percusiones electrónicas) y que a la larga sólo transmitían artificialidad y padecían de una total incapacidad para “sobrevivir” en el tiempo.

En general no se puede hablar de un álbum que sea característico del sonido Fogerty/Creedence Clearwater Revival ni uno de los más destacados dentro de su producción, sí en cambio, tanto por su simbología cercana al béisbol como por el éxito que cosechó tanto en ventas como en popularidad, le hace ser un punto culminante en la historia del músico californiano.

Tampoco hay que llevarse a engaños, el talento de Fogerty hace acto de aparición en muchos momentos y hay temas, como el que abre el disco, el estupendo “The old man down the road”, que utilizando su habitual rock “pantanoso”, marca de la casa, dan un gran resultado. Lo mismo sucede con su acercamiento al blues en “Searchlight”. El country-rockabilly de esencia añeja que interpreta en “Big train (from Memphis)” es otro de los momentos esenciales del álbum.

“Rock and roll girls” y “ I saw it on T.V.” se nutren de melodías puramente americanas. La primera da como resultado un tema refrescante y muy movido, al contrario que la segunda, donde muestra una cara más lenta y melancólica. Todo lo nombrado hasta ahora forma la parte más interesante del disco y sirve como un buen ejemplo del sonido que ha confeccionado John Fogerty a lo largo de los años.

Por el contrario, el lado menos interesante y en algunas momentos casi sonrojante, lo forman los temas lastrados por la época en que se grabaron y el estilo que por aquel entonces se estilaba. La base de “Centerfield”, tema convertido en un himno en los campos de béisbol, es un ritmo clásico de rock pero que aderezado con elementos “modernos” pierde todo su gancho. Ese inconveniente aparece todavía más evidente, y llegando a hacerse difícil de soportar, en “I can’t help myself” y “Vanz Kant Danz”, un dardo envenenado dedicado al jefe del sello Fantasy.

La edición especial conmemorativa del aniversario se cierra con dos temas extras (dos "caras B") en los que interpreta sendos temas clásicos, relativamente desconocidos ( “I confess” y “My toot toot”). Sirven como evidencia para demostrar que ese es su terreno, llevar las influencias primigenias del rock and roll a su ámbito. “Centerfield” no es el mejor ejemplo para descubrir a fondo las cualidades de Fogerty, pero sí un buen momento para recordarle y tenerle presente.



Escrito originalmente para:
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article16908