7 jul. 2010

"A veces cuesta llegar al estribillo". Rosendo, las ganas de incordiar intactas


KEPA ARBIZU


En un mundo como el de la música en que todo, cada vez más, parece marcado por modas y por la necesidad de sacar el máximo rendimiento en el mínimo tiempo posible, figuras como la de Rosendo, además de necesarias, son dignas de admiración.

Su nombre esta ligado a la historia del rock español. Prácticamente desde que éste existe, el de Carabanchel, primero formando parte de los grupos Ñu y Leño y más tarde en solitario, ha estado ahí. A pesar de los diferentes homenajes con los que se le ha obsequiado, no se trata de alguien que viva únicamente de su legado, muy al contrario, con cierta periodicidad tenemos noticias suyas en forma de trabajos nuevos, en esta ocasión acaba de editar “A veces cuesta llegar al estribillo”.

Rosendo en los últimos años ha conseguido rodearse de un grupo de trabajo firme y prácticamente inmutable, Eugenio Muñoz en la producción, Mariano en la batería y Rafa al bajo. Esto hace, como es lógico, que repercuta en su sonido, cada vez mejor engrasado y sin fisuras. Lo que no impide que en sus últimos trabajos suene más endurecido y centrado en la búsqueda de lo esencial.

Nadie duda del talento y pericia con la que maneja el madrileño la guitarra, pero ya va siendo hora de centrarse también en la evolución que ha tenido su voz. En los últimos tiempos es más que evidente una mejora en este aspecto, sólo hay que recordar, a modo de ejemplo, la espectacular versión que grabó del tema de Javier Krahe, “Todo es vanidad”.

Una de las cosas más reconocibles es su manera de escribir letras, si bien su temática general puede ser común a otros grupos, su manera de contarlo es francamente inigualable e inimitable. Realiza una mezcla de lo cotidiano, donde se incluye el lenguaje coloquial, con un tono más rebuscado y menos obvio realmente sorprendente. Es fácil por lo tanto creer sus habituales declaraciones reconociendo lo trabajoso de ese aspecto.

Ya desde la portada de “A veces cuesta llegar al estribillo”, basada en los libros antiguos de enseñanza de escritura, deja claro que estamos ante un disco que busca lo sencillo, lo que significa letras directas, es verdad que tienen un “mensaje” bastante nítido en su fondo, y una construcción musical de temas basada en la ecuación, bajo, batería y guitarra. “Mala tiña” es la encargada de abrir el álbum, elaborada con su estilo habitual, una mezcla muy personal del hard rock clásico y el blues que a lo largo de los años ha confeccionado. Seguido aparece “Tu qué... Yo qué”, realizada a base de riffs sincopados al ritmo de la cadencia con el que canta.

Con “Amaina tempestad” llega uno de los temas por una parte mejores del disco y también de los que más melodía y ritmo posee. Una canción muy trabajada en el aspecto vocal, con varios cambios muy bien resueltos. El sentimiento nihilista y algo apoclíptico que transmite “No hay nadie” se deja notar también en el acompañamiento musical que resulta oscuro y tenebroso. Ese mismo tono oscuro y aguerrido está presente en “Angelitos”.

Con el paso de los años, los acercamientos de Rosendo a temas lentos o a medios tiempos han dejado de ser una cierta extravagancia para convertirse en canciones perfectamente elaboradas, donde de nuevo hay que darle mérito a su trabajo con la voz, y que cumplen una función importante en el disco, como es dotar de algo de relax a la sucesión de ritmos duros. En este nuevo trabajo es quizás de las veces que más acertado ha estado en esta disciplina, tanto en el plano de las letras como en el musical. Ambas ocasiones en que lo hace es con un resultado sobresaliente. En “La cera que arde” disminuye la electricidad y las revoluciones considerablemente en un tema muy sincero y personal. Caso aparte es “Rompe la cadena”, en el que colabora su hijo. Sostenida únicamente con guitarra acústica y la letra revolucionaria con la que cuenta podría encajar en el repertorio de algún cantautor comprometido de años pasados.

La despedida del disco llega con el tema que le da nombre y que con influencia clara de los australianos AC/DC, sobre todo en lo referente a las guitarras, es un tutorial de lo que significa para el músico de Carabanchel el rock. Precisamente son este tipo de cosas las que hacen que Rosendo sea un ejemplo no sólo para aquellos que compartan más o menos su estilo musical sino para todos aquellos que cogen una guitarra con ansias de contar algo sincero y de verdad. Él lleva años haciéndolo y nunca defrauda, por eso es el maestro.


Escrito originalmente para Tercera Información:
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article16601