6 mar. 2011

"Blessed", Lucinda Williams. La belleza del sufrimiento en clave de rock


KEPA ARBIZU


Tristeza, desesperación o soledad son sentimientos que a ningún individuo le gustaría tener pero que curiosamente son el alimento de muchos creadores que encuentran en ellos su mejor arma para dar forma a sus obras más acertadas.

Lucinda Williams es un perfecto ejemplo de eso. Es precisamente cuando se encarga de mostrar el lado más oscuro de su persona cuando saca todo el jugo a su talento musical, que lo posee en grandes cantidades por otra parte. Para demostrar esta afirmación vale con comparar su anterior trabajo, “Little Honey”, realizado en una época de felicidad y que tanto en lo musical como en lo emotivo perdía algo de fuerza al convertirse en un retrato casi costumbrista de su estable vida, con el actual “Blessed”, mucho más conseguido y que recobra la verdadera esencia de la cantante y en la que presenta una visión más angustiosa de la vida.

El country, y casi podría ser extensible a cualquier forma de música tradicional americana, se suele asociar como un estilo hecho por y para hombres, a pesar de que a lo largo de la historia son bastantes los nombres femeninos que han tenido éxito y repercusión, como los casos de Linda Rondstat, Dolly Parton o Emmylou Harris, cada una a su forma. Lucinda Williams tiene un papel muy importante en este hecho, al margen de que su estilo beba de más fuentes que la del country, ya que manteniendo los cánones típicos del género (carreteras, alcohol, amores rotos, etc..) lo hace desde una perspectiva muy personal y sin perder de vista su condición femenina.

Nacida hace 58 años en Luisiana, su carrera ha ido paulatinamente encumbrándola como una de las figuras más importantes y de más talento del rock americano. Es al grabar “Car wheels on a gravel road” (1998), acompañada de una muestra de los mejores músicos del género (Jim Lauderdale, Buddy Miller, Steve Earle, Gurf Morlix...), cuando da forma a un álbum esencial para entender el renacimiento del llamado sonido “americana”, y que si en la actualidad ya está muy bien considerado el paso del tiempo proporcionará la suficiente distancia para darle la importancia capital que tiene.

Uno de las grandes virtudes de la norteamericana, ya esbozado anteriormente, es su capacidad para crear historias realmente atractivas en sus canciones. Utilizando los arquetipos de este tipo de música, y contados con crudeza y rotundidad pero sin desaprovechar los elementos poéticos o simbólicos, muy probablemente heredada esa cualidad de su padre (el poeta Miller Williams), consigue dar al conjunto un resultado sensacional.

En su nuevo álbum de nuevo aparece el tándem Tom Overby y Eric Liljestrand, productores también desu anterior trabajo pero que esta vez dejan el papel principal a Don Was. Viendo el resultado final es evidente que ha conseguido dotarlo de un sonido más habitual en Lucinda Williams, un rock que se nutre de las raíces del sonido norteamericano y un tono más intimista y crudo. Respecto a las letras y temas que trata también se nota ese mismo rumbo, aunque añadiendo la particularidad de que en esta ocasión adquieren un matiz más universal, no necesariamente relativas a vivencias propias.

Desde el inicio que marca “Buttercup” ya se hacen patentes esos cambios. Con un sonido a rock clásico aguerrido relata la historia de una relación tormentosa que ella misma ha confesado que hace relación al mismo “mal hombre” del que hablaba en su tema “Jailhouse tears”. En esa misma línea, con algo más de ritmo, aparece la magnífica “Seeing black”, en la que asoma la guitarra de Elvis Costello, la colaboración de más nombre aunque gente notable como Greg Leisz (guitarras) y Mathew Sweet (voces) también aportan su calidad al disco. Se trata de una canción que aborda el tema de la muerte, no será la única vez, en este caso dedicada a la pérdida del músico Vic Chesnutt. “Blessed” continuará la tónica “guitarrera” en este ocasión más cercana al blues.

Hay un grueso de temas que se mueven entre el medio tiempo y el lento, con un sonido mucho menos electrificado y con una importante presencia de la guitarra slide y que son las que elevan el tono trágico y/o dramático del disco. “I don’t know how you’re livin’” está dedicada de nuevo, ya lo hizo en “Are you alright?”, a su hermano desaparecido (en el sentido estricto de la palabra). En “Soldier’s song” Lucinda Williams se pone en la piel de un soldado que desde el campo de batalla piensa en todo lo que ha dejado en su hogar. Como es lógico la temática va acompañada de un tono musical reflexivo y crudo. La muerte aparecerá de nuevo en “Copenhagen”, esta vez dedicada a su ex manager, en un ambiente musical misterioso. Entre el jazz y el soul la voz de la cantante estadounidense suena sugerente en “Born to be loved”, mientras que las guitarras volverán a ser chirriantes en la tenebrosa “Awakening”. El lado más romántico saldrá a relucir en “Kiss like you kiss”, tema popularizado por salir en la prestigiosa serie “True blood”.

“Blessed” supone la recuperación de la mejor Lucinda Williams, tras el pequeño bajón que supuso “Little honey”, aquella que apoyada en la música de raíces utiliza su mejor lírica para hacer de los sinsabores de la vida y de las vivencias más turbulentas auténticas obras de arte en forma de canciones. Este nuevo álbum se compone de estos ingredientes, lo que le lleva a ser un apasionante tratado de rock profundo y trágico.


Escrito originalmente para:
http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article22882