28 feb. 2013

“Delantera Mítica” de Quique González. Íntimo, personal y rockero.



KEPA ARBIZU

Quique González ha conseguido instalarse en una situación privilegiada consistente en poseer un cierto éxito comercial y a la vez tener el respeto del seguidor más especializado. Un status complicado de adquirir por norma general y más todavía por estas latitudes tendentes a cierto sectarismo y exclusividad. A pesar de todo, el madrileño no ha dado síntomas de alterar su forma de entender la música ni mucho menos de saber cuál es su lugar en este negocio. Un posicionamiento que todavía revierte más en su mérito. 

“Delantera Mítica” es su noveno disco y último capítulo hasta la fecha de una carrera en la que el rock americano y un gusto por la intimidad se han ido fusionando y entendiendo a la perfección a lo largo de los años. Precisamente estamos ante el trabajo que mejor ha entendido y fusionado en un mismo espacio esas dos sensaciones, que si bien siempre han aparecido de una u otra manera en cada una de sus grabaciones, nunca como hasta ahora de bien entrelazadas. 

Para alcanzar esa meta ha optado por continuar con algunas tradiciones, como grabar en los estudios Alex the Great de Nashville y confiar los mandos a Brad Jones. Además se ha hecho acompañar de un elenco soberbio de músicos, entre los que se encuentran habituales integrantes de la banda de Emmylou Harris como Will Kimbrough y Bryan Owings. La representación “local” viene por parte de otros habituales como Leiva y sobre todo César Pop, que echan una mano a la hora de coescribir varios temas. 

Hasta aquí la alineación de lujo que presenta el disco, pero ya sabemos que una recopilación de estrellas no siempre da como consecuencia un juego brillante, hay que saber amasarlo y hacerlo coexistir para sacar su mejor rendimiento. Una habilidad para dar forma a esa base que ya se hace patente desde la inicial y sobresaliente “Tenía Que Decírtelo”, con un sonido de raíces evidente pero trabajadas desde una perspectiva melódica al estilo de José Ignacio Lapido, sobre todo en su estribillo, y con algunas imágenes líricas impactantes (“Esta mañana los pájaros huyeron del nido, usando pasaportes falsos”). En “Dallas – Memphis” continúa con esa confluencia de tonos, optando en esta ocasión por un ritmo más reposado y clásico de country . Unos compases que junto a la incorporación del acordeón hacen a la canción poseedora de un deje “mariachi”, también presente en la melancólica “No Encuentro a Samuel”, un alegato sobre la amistad. 

Aunque el tema “Las Chicas Son Magníficas” continúa la senda de las comentadas hasta ahora, la aparición de la voz de Zahara, casi imperceptible, como un murmuro, colabora en la calidez extraordinaria que alcanza. “No Hagas Planes” es si cabe todavía más profunda, y aunque voz y guitarra aparecen en un primer plano, está repleta de una delicada y matizada instrumentación. En una transición a sonidos más contundentes se encuentra “La Fábrica”, donde opta por un medio tiempo de rock americano clásico. Y si hablamos de clasicismo, qué decir de la arriesgada, saldada con sobresaliente, idea de versionar y adaptar el “Is Your Love in Vain?” de Bob Dylan, convertido en “¿Es Tu Amor en Vano?” y que Quique González sabe perfectamente llevar a su terreno, con algo también de Andrés Calamaro, manteniendo esa sutil pero esencial presencia de los teclados. 

El lado más acelerado y guitarrero va a tener su representación más clara en la “stoniana” “¿Dónde Está el Dinero?”, que si musicalmente ya es insolente no lo es menos en su letra (“Muerta la ley la justicia es un lujo, vive en un piso de alto standing”). Un tipo de composición nada habitual en los últimos años y que aquí aparece perfectamente enraizada en el esqueleto del disco. “Parece Mentira” recupera el tono más íntimo pero todavía dentro de un contexto eléctrico (otra vez Lapido pero también Tom Petty). Lo mismo sucede con “Viejos Capos”, ésta algo más descarada, que parece ser toda un ajuste de cuentas con el establishment (“Los números no fallan, tus ídolos sí, sólo tienes que vivir con ello”). 

“Delantera Mítica” parece desprender un sentimiento de aceptación, o asimilación, del fracaso como elemento innato a la vida para a partir de ahí, y sin regodearse en él, decidir de qué lado, y junto a quién, se desea estar y compartir el camino. Podría ser éste el mejor disco de Quique González hasta la fecha, el tiempo lo dirá. Lo que no hay duda es que en él ha sabido reunir, de una manera magistralmente compensada, la vertiente más rockera del músico madrileño con la más íntima. Y eso son palabras mayores. 

Escrito originalmente para: http://www.culturamas.es/blog/2013/02/28/delantera-mitica-de-quique-gonzalez-intimo-personal-y-rockero/