4 feb. 2014

“Lucinda Williams” de Lucinda Williams. Ángel doliente del rock


KEPA ARBIZU

No hay ninguna clase de duda a la hora de afirmar que Lucinda Wiliams es una de las voces femeninas, y generales, más relevantes dentro del rock actual. A ese status ha llegado principalmente a base de mezclar con maestría las raíces del sonido norteamericano y a presentarlas bajo un contexto repleto de una fuerte carga emocional. La celebración del 25 aniversario de la publicación de su disco homónimo sirve para disfrutar de una completa reedición (en el que se incluyen una serie de tomas en directo) de dicha obra y su consiguiente reivindicación.

Se trata del tercer álbum que publicó la norteamericana. Una decisión, la de editar, que siempre ha sido una tarea ardua, es de sobra conocido su perfeccionismo casi obsesivo a la hora de dar por terminado un trabajo. Una característica que también tiene su representación en una no demasiada extensa discografía y sobre todo en el amplio intervalo temporal que hay entre algunas de sus creaciones. En este caso concreto ocho años le separan de su predecesor “Happy Woman Blues”, y no sería hasta después de otros cuatro cuando saldría el siguiente, “Sweet Old World”.

Cuando alguien posee entre sus discos algunos tan carismáticos como el genial y representativo “Car Wheels on a Grave Road” o el impactante “Essence”, tiende a difuminarse la importancia de otros, algo que es aplicable perfectamente a lo que ha sucedido con este “Lucinda Williams”. No obstante es en este homónimo en el que aparece el que será, durante unos años, su mano derecha y productor Gurf Morlix (sus relaciones se romperían a raíz de las mezclas definitivas del “Car Wheels on a Grave Road” ), genial guitarrista y en la actualidad con una carrera en solitario digna de atención.

El disco comienza con la animada “I Just Wanted to See You So Bad”, poseedora de un pegadizo estribillo adornado con un serpenteante teclado y basada en un ritmo de puro rock americano, que engarza a la perfección con un texto de “carretera y manta” en busca de una cita. “Changed the Locks” opta por endurecer todavía más el sonido moviéndose a medio camino entre el blues y el hard rock, un tema que sería también interpretado por Tom Petty. “Passionate Kisses”, canción versionada con gran éxito por Mary Chapin Carpenter, entra dentro de eso grupo de composiciones ágiles, ronzando el pop en esta ocasión, pero aquí ya se hace muy patente ese manto de melancolía, escoltado a la perfección por la labor de la guitarra para darle esa forma, que difícilmente nos va a dejar de acompañar a lo largo de todo el disco.

El country, en una vertiente rockera, de “The Night’s Too Long” nos muestra a esa Lucinda que por medio de su voz punzante pero levemente rasgada nos enseña el sufrimiento que esconde su música. “Big Red Sun Blues” continuará con ese sonido campestre aunque ahora apostada hacia un estilo más cercano a Emmylou Harris. “Price to Pay” es una bellísima melodía que debería escucharse, aunque sea en la imaginación, apostado en un porche y con la mirada puesta en un cielo estrellado. Perfectamente podría ser acompañada por “Am I Too Blue”, que con su deje a ritmo de vals en su cadencia nos acurruca mientras relata los sinsabores amorosos.

Si en “Abandoned”, no cabe duda de la temática y la sensación que pretende trasladar viendo el título, nos encontramos con la intérprete en una de sus facetas más afectadas, por medio de una construcción sonora sobria e intensa, “Like a Rose” parece la calma después de la rabia emocional, también sin alardes de instrumentación pero con un delicado y emocionante uso de las cuerdas. Las mismas que utilizará para volver en “Side of the Road”, a través de un tono épico, a acercarnos a los altibajos vitales.

 La carrera de Lucinda Williams es de esas en las que más que destacar discos, aunque siempre se puede hacer, lo que verdaderamente llama la atención es el mundo, personal y artístico, que crea a su alrededor. Con sus canciones nos recuerda que el rock, cuando se plantea representar la vida, está lleno de cicatrices, y ella ha decidido musicarlas por medio de un talento y una sensibilidad desbordante. Su disco homónimo, quizás siempre arrinconado en pro de otros títulos con más repercusión, representa un pilar esencial en la figura de la norteamericana.

Escrito originalmente para:  http://www.culturamas.es/blog/2014/01/31/lucinda-williams-de-lucinda-williams-angel-doliente-del-rock/